Con el enriquecimiento de cafetales con frutas y verduras, mujeres de Chiapas se adaptan al cambio climático.

Reyna Amparo Meléndez Ochoa y Rosa Alba Mérida Monterrosa, del Ejido Alpujarras de Cacahoatán en Chiapas sacan adelante a su familia con las frutas y verduras que venden en los tianguis, tras tomar medidas de Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) para diversificar sus cultivos a través de sistemas agroforestales y buscar la recuperación de los suelos.

Mujeres del Ejido

Los hijos de Rosa ya pueden seguir estudiando y cuando algún miembro de la familia se enferma, puede ir al doctor. “Vivimos mejor. Comemos mejor y estamos sanos, aunque sea pobremente pero siempre tenemos nuestros frijolitos y nuestras yerbitas”, comenta Reyna Amparo Meléndez Ochoa, quien recuerda cómo con las “entraditas” de lo que venden en frutas en los tianguis van pasando los días. “Antes pasábamos tiempos duros porque no había dinero antes del tiempo de la cosecha de café. Ahorita ya tenemos frutas: melocotón, papayas, guanábanas,… muchas frutas que tenemos de temporada. En la cosecha y la venta participa toda la familia y aquí en el ejido casi todos se involucran”.

La familia de Reyna Amparo Meléndez Ochoa también se involucra en los procesos de cultivo y venta de los productos que sacan de la tierra, como las hojas de la pata de paloma, que según Reyna casi nadie conocía en los tianguis y ahora “es muy pedida por los niños."

Estas dos mujeres forman parte de las familias del Ejido Alpujarras de Cacahoatán que han implementado medidas de Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) como la diversificación de sus cultivos a través de los sistemas agroforestales. “Las comunidades de esta región dependen económicamente del café pero se ha logrado mejorar los sistemas agroforestales a través de mejores prácticas, sembrando frutales para mejorar la seguridad alimentaria de las familias”, explica Didier López, asistente técnico de la UICN en Chiapas, México.

A través del Proyecto Vulnerabilidad, Adaptación y Ecosistemas (AVE), Didierexplica cómo se ha logrado involucrar a las comunidades a través de la incidencia en la principal estructura de gobernanza de esta región mexicana, el ejido. “Primero nos acercamos a los dirigentes, y después ellos nos llevan a la asamblea general de ejidatarios, una reunión que realizan cada mes, y a través de ese proceso les comentamos el plan de trabajo, ellos se organizan por grupos de trabajo, dependiendo el ecosistema donde vivan y la actividad económica principal de la que ellos dependen, y así vamos trabajando y apoyándolos”.

Didier señala cómo tras tres años de proyecto,  las comunidades se han beneficiado de las acciones que han ido implementando en sus tierras.  “Los beneficios han sido principalmente sociales. Actualmente la gente está mejor organizada, con más capacidades. Al principio acudían a nosotros para hacer las gestiones, ahora ellos ya son capaces de gestionar fondos, proyectos, materiales, herramientas… con las diferentes instituciones con las que hemos trabajado. También ya son evidentes ciertos beneficios ambientales como una disminución en la frecuencia de derrumbes gracias a la conservación de los bosques, se ha logrado minimizar un poco la deforestación y la tala y la caza ilegal”.

Reyna y Rosa coinciden en que les gustaría seguir aprendiendo, compartiendo experiencias con otras comunidades que siembran otros productos en otros climas. Reyna lo dice mientras prepara sus productos para llevar al tianguis, los cuales ya no transporta en envases plásticos desechables. “Usábamos lo que era el desechable, ahorita ya no, porque hemos cambiado nuestro estilo de vida. Antes las cosas se daban por pura naturaleza, no le poníamos ningun empeño. Nuestro terreno aquí es muy quebrado, se daban muchos deslaves, pero jamás nos preocupábamos por poner barreras para detener la tierra, ahorita sí. Hemos cambiado”.

La UICN, a través del proyecto AVE (Adaptación, Vulnerabilidad y Ecosistemas), trabaja en seis sitios de la región de Mesoamérica capacitando a las comunidades y gobiernos locales en medidas de Adaptación basadas en Ecosistemas (AbE). Uno de estos lugares es la Subcuenca del río Cahoacán en Chiapas, México.

Las actividades se financian a través de la Iniciativa Internacional del Clima, del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear (BMU) de Alemania.

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