La vigilante de los manglares

Creer en su propia fuerza para cambiar las cosas, llevó a María Magdalena Del Cid Torres a salir de su casa, comprometerse a cuidar el manglar y trabajar en su recuperación.

María Magdalena Del Cid Torres, salvadoreña de 42 años que vive en el caserío Playa Bola de Monte, del Municipio de San Francisco Menéndez, parte de la cuenca del río Paz

Sentir el viento que corre en el manglar a las 7 de la mañana la hace recordar por qué empezó a cuidar del manglar y del mar. “Se siente fresco, antes había más calor. Hemos aprendido cómo cuidar la naturaleza y apreciar el agua. Antes yo lo que hacía era talar los árboles, agarrar el pescado pequeño, el camarón, hacía daño sin saber que ese daño me lo hacía a mí misma, a mi familia y a mi comunidad”, medita María Magdalena Del Cid Torres, salvadoreña de 42 años que vive en el caserío Playa Bola de Monte, del Municipio de San Francisco Menéndez, parte de la cuenca del río Paz.

A esa hora, está ella empezando su jornada de vigilancia del manglar y el bosque. Junto con otra vecina recorre a pie los alrededores, cuidando que no entre nadie a cortar árboles o a pescar indiscriminadamente en el manglar. No es tarea fácil, son más de ocho horas de andar fuera de su casa y tampoco libre de riesgo. Pero para María no existe crítica o miedo que la saque de su nueva misión. También realizan actividades de monitoreo del agua. “Tomamos la temperatura del agua, medimos la salinidad del agua en los pozos y cuánta agua hay. A veces nos acompaña gente de UNES –la ONG Unidad Ecológica Salvadoreña, organización miembro de la UICN–  y a veces vamos solas”.

Otros días los destinan para sembrar el manglar. Entonces entre todos y todas, consiguen un vehículo y salen temprano a recolectar semillas de mangle colorado, mangle blanco y de botoncillo, las echan en canastas o jabas y las traen al manglar. “Al siguiente día nos llevamos el lonche (desayuno) y vamos a sembrarlo. Hacemos una fiesta”.

Las personas de la comunidad también participan de las actividades de desazolve de canales. “Desenterrar los canales nos está dando el sustento familiar, sacamos peces más grandes y cuando es temporada de veda, cuidamos de no pescar. Es una experiencia bonita porque trabajamos mujeres y hombres, jóvenes y ancianos. Se miraba fácil pero es duro, caminar dentro del lodo y entre las raíces del mangle, pero trae un gran beneficio al manglar”.

María siente que su experiencia en el manglar y el aprendizaje que ha logrado a través de los talleres de capacitación le han enseñado a comprender cómo el cambio climático le afecta como mujer, pero sobre todo, cómo su trabajo puede aportar para lograr cambios en su comunidad.

“Yo era de las mujeres que permanecía más en casa. Me siento feliz porque se me ha dado la oportunidad como mujer de conocer y aprender nuevas cosas. Estoy organizada, cuido nuestro manglar y soy testigo de los cambios que hemos logrado. Además, he logrado comprender que yo soy la que hago mi fuerza; la fuerza no la traemos, sino que la hacemos, cosa que ignoraba estando solo en casa”, concluyó María Magdalena.

La UICN, a través del proyecto AVE (Adaptación, Vulnerabilidad y Ecosistemas), trabaja en seis sitios de la región de Mesoamérica capacitando a las comunidades y gobiernos locales sobre medidas de Adaptación basadas en Ecosistemas (AbE). María implementa junto a su comunidad medidas de AbE en el manglar de Garita Palmera, ubicado en la parte baja de la Cuenca Binacional del río Paz (El Salvador-Guatemala).  Las actividades se financian a través de la Iniciativa Internacional del Clima, del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear (BMUB) de Alemania.

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