Según la FAO (2009), aproximadamente 1,6 mil millones de personas (más del 25% de la población mundial) dependen de los bosques para el mantenimiento de sus medios de vida. Los bosques generan ingresos mediante el empleo y la venta de los bienes y servicios que otorgan. Contribuyen al mejoramiento de la seguridad alimentaria de poblaciones vulnerables y constituyen el hogar de muchas comunidades.

Positivamente en los últimos años se ha evidenciado que el área de bosques bajo propiedad de pueblos indígenas y comunidades locales aumentó. Aproximadamente 146 millones de hectáreas de tierras forestales en América Latina están bajo propiedad comunitaria (RRI, 2008).

Pero a pesar de este avance, el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales a su territorio, aun es insuficiente ya que la transferencia de los derechos sobre las tierras forestales de gobiernos se incrementa lenta y desigualmente. En América del Sur, Brasil y Ecuador hicieron las mayores reformas por ejemplo.

Si bien existen adelantos en las políticas para fortalecer la tenencia forestal local, debido a instrumentos como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas adoptada en 2007, dichas reformas podrían tener un impacto mayor en los ingresos locales, la conservación y el manejo de los bosques.

Hasta hoy el papel que cumplen los bosques en la reducción de la pobreza, no es considerado en el diseño de programas y políticas de desarrollo en la región.

Una implementación apropi¬ada de reformas a la tenencia forestal, puede beneficiar a millones de personas en zonas rurales, reparar injusticias pasadas y fomentar un manejo forestal sostenible. Además, ayudará a combatir los conflictos y las guerras; la pobreza y enfrentar el cambio climático (RRI, 2008).

Muchos desafíos aparecen frente a la reforma de la tenencia forestal: la falta de avances en los derechos que complementan a las reformas, una implementación inadecuada de las reformas existentes; la enorme demanda de tierras para la producción de biocombustibles; la competencia dentro de, y entre, las comunidades forestales y un débil desempeño de los gobiernos en promover las reformas.

La UICN promueve una mejor comprensión del papel que cumplen los bosques en el mantenimiento de los medios de vida de los pobladores rurales pobres. En colaboración con comunidades locales y gobiernos nacionales, busca también un mayor acercamiento hacia actores del sector privado, para contribuir a asegurar que los derechos y la tenencia sean adecuadamente abordados en sus estrategias y operaciones.