Blog | 31 Ago, 2022

Gestión territorial indígena como estrategia de conservación de la Amazonía

La Amazonía concentra el 53 % de los bosques tropicales del mundo y cubre una extensión de aproximadamente 7 millones de km2 en 9 países en América del Sur. A pesar de su importancia, la cuenca amazónica y sus poblaciones indígenas sufren constantes amenazas. ¿Qué se está haciendo al respecto y cuál es la mirada hacia el futuro?

Seis de los 9 países que comparten la Amazonía, son considerados megadiversos por albergar más de 3 millones de especies. Pero su importancia no solo radica en su inmensa biodiversidad, la Amazonía es un sistema crítico para la provisión de servicios ecosistémicos, particularmente en cuanto a regulación hídrica, circulación atmosférica en los trópicos y control del clima planetario.

Así también su rol en la regulación climática como sumidero de carbono es fundamental (se estima que almacena entre 90 y 140 mil millones de toneladas de carbono) [2], además es una de las reservas de agua dulce más importantes del planeta (aproximadamente el 20% del total).

Panorama actual

La Amazonía es el hogar de alrededor de 34 millones de personas, incluidos 1,5 millones de indígenas cuya supervivencia y medios de vida se encuentran directamente relacionados a la integridad de estos ecosistemas. En la región amazónica se presentan diversas formas de ocupación territorial (tierras comunales, propiedades particulares, áreas protegidas, zonas concesionadas, etc.), las cuales pueden tener o no un reconocimiento legal o estar en proceso de legalización, dependiendo del grado de avance de los procesos de saneamiento catastral de cada país.

Los conflictos sobre tenencia y uso de la tierra son comunes por motivos diversos: sobreposición entre territorios colectivos, presencia o interés en actividades industriales extractivas y/o declaración de áreas protegidas. Esto se ve agravado por deficiencias estructurales e históricas de los procedimientos estatales para la consolidación de la información catastral.

El potencial amazónico ha atraído la demanda y atención de un sin número de actores e intereses, dejándola expuesta a diversas presiones y amenazas como la minería, industrias energéticas, hidrocarburíferas, monocultivos industriales, tráfico de tierras – entre otras actividades de alto impacto ambiental – que han elevado las cifras de deforestación, degradación, cambio de uso de los suelos y contaminación del ecosistema. Esto, consecuentemente, ha disminuido la capacidad de resiliencia del territorio amazónico y puesto en riesgo su misma existencia.

La expansión agrícola y la tala ilegal son fuertes impulsores de la deforestación, cuyos valores en los últimos años han alcanzado máximos históricos. Entre enero y julio de 2022 fueron talados casi 4.000 km2 de bosque en la región, lo que aumentó la tasa de deforestación anual en un 11% con respecto al año anterior y alcanzó un nuevo valor récord en tan solo la primera mitad del año.

Según estimaciones el nivel de deforestación total de la Amazonía se encuentra en un 17%, siendo su punto de no retorno entre el 20-25%. Pasado este rango, seremos testigos de la transformación del bosque húmedo más grande del planeta a una pradera seca.

Provincia de Caquetá, ColombiaPhoto: Fundación Natura

 

Defensores de la naturaleza y la vida

Más del 80% de la superficie de los territorios indígenas está cubierta por bosques, de los cuales casi la mitad (45%) son bosques intactos. Dichos bosques almacenan unos 34,000 millones de toneladas métricas de carbono, es decir contienen el 30% del carbono almacenado en los bosques de América Latina y el 14% del carbono de los bosques tropicales de todo el mundo.

Los procesos antropogénicos de degradación del bioma amazónico afectan su capacidad para almacenar carbono, registrando mayores impactos en los territorios no indígenas. Según un informe de la FAO (2021) “entre los años 2003 y 2016 en los territorios indígenas de la cuenca Amazónica se perdió menos del 0.3 % del carbono almacenado; mientras que en las áreas protegidas sin población indígena se perdió el 0.6 %; y en otras áreas, que no eran territorios indígenas ni áreas protegidas, se perdió el 3.6 % del carbono”  [7].

Un estudio del Instituto de Recursos Mundiales (IRG), incluido también en el informe de la FAO, muestra cómo el reconocimiento formal de los derechos a la tierra de las comunidades indígenas es una inversión de bajo costo y alto beneficio.

Este estudio concluye que los costos de reconocer legalmente las tierras indígenas son de 5 a 42 veces más bajos que los costos promedio de la emisión de CO2 evitada a través de la captura y almacenamiento de carbono fósil para las centrales eléctricas de carbón y gas.

Este estudio también muestra que la titulación de territorios indígenas en la Amazonía boliviana, brasileña y colombiana evitó entre 42.8 a 59.7 millones de toneladas métricas de emisiones de CO2 por año, valoradas entre $25 a $34 mil millones. El equivalente a sacar de circulación entre 9 a 12.6 millones de vehículos durante un año.

Pese al rol fundamental que cumplen los pueblos indígenas y tribales para la conservación de la Amazonía, estos se encuentran expuestos a permanentes presiones y amenazas, que no sólo pone en riesgo la naturaleza, sino la propia vida de sus comunidades.

En el 2020, se registraron 263 asesinatos en América Latina, de los cuales 202 se registraron en la Amazonía colombiana, brasilera, peruana y boliviana, representando el 77% de los casos suscitados a nivel regional. Además, de acuerdo con Global Witness (2021), de los 223 ataques registrados oficialmente contra los defensores ambientales a nivel global, 74% corresponden a América Latina, muchos de ellas, en la Amazonía.

Esta cifra va en aumento tras la reactivación de la economía post COVID, dado que gran cantidad de las actividades ilegales se posesionaron e incrementaron sus operaciones, aprovechando el confinamiento de las poblaciones indígenas durante la pandemia.

Ante este panorama, la cooperación internacional y los gobiernos de la región han propuesto e implementado algunas alternativas para ayudar a frenar la problemática mediante la creación de mecanismos y espacios regionales de discusión que van en sintonía con la agenda global. No obstante, estos esfuerzos aún son insuficientes para abordar la problemática de manera integral.

Veedor Forestal Indígena, Provincia de Atalaya, PerúPhoto: Amazonía 2.0 – Karua Films / UICN

 

¿Qué se está haciendo al respecto?

En la actualidad, el empoderamiento de los pueblos indígenas es parte de las iniciativas que se busca poner en práctica para la protección de la Amazonía. Partiendo de la premisa que asegurar la tenencia y gestión del territorio por parte de los pueblos indígenas es, en sí misma, una estrategia de conservación de los bosques amazónicos. En este sentido, la FAO (2021) afirma que “las comunidades Amazónicas son los mejores guardianes del bosque […], y la estrategia más efectiva y rentable para evitar emisiones de CO2 comparado con otros mecanismos […]”  [7].

La evidencia sugiere que el fortalecimiento de las capacidades de los pueblos indígenas para la gestión territorial es una estrategia de conservación clave en el contexto amazónico. Este enfoque es el eje central de Amazonía 2.0, proyecto financiado por la Unión Europea, coordinado por la Oficina Regional de la UICN para América del Sur y ejecutado en más de un millón y medio de hectáreas por un consorcio de organizaciones capacitadas en Brasil (UICN Brasil), Colombia (Fundación Natura), Ecuador (Fundación EcoCiencia), Guyana (Amerindian Peoples Association), Perú (EcoRedd) y Surinam (Amazon Conservation Team).

“Contener la deforestación y degradación de los bosques amazónicos, la pérdida de su biodiversidad y servicios ecosistémicos, entre ellos los climáticos, empoderando a un conjunto de organizaciones indígenas y campesinas para actuar y responder organizadamente junto con ONGs nacionales e internacionales, ante las amenazas a sus bosques, en cada uno de los países del proyecto”.

Su enfoque está en las poblaciones que “viven en el bosque y del bosque”, en un trabajo de “abajo hacia arriba” para el fortalecimiento de las capacidades locales con la creación de modelos de gestión propios que prevengan, aborden y mitiguen los impactos ambientales, salvaguardando el patrimonio natural. El proyecto ha acompañado y fortalecido a 47 unidades territoriales indígenas y campesinas para el control social, gestión territorial integral, monitoreo de la gobernanza forestal y del comercio ilegal de recursos silvestres en la Amazonía.

La experiencia y aprendizajes ganados con Amazonía 2.0 y otros proyectos, permite afirmar que el empoderamiento técnico de las poblaciones indígenas y sus organizaciones coadyuva a mejorar la calidad de la información de base, sobre la cual, toman sus decisiones para la gestión de sus territorios.

Del mismo modo, se ha constatado la importancia de asignar recursos y esfuerzos para la seguridad y saneamiento territorial y mejorar sus medios de vida con alternativas bio sostenibles con enfoque intercultural. Sin embargo, para hacer frente a los desafíos que enfrenta la Amazonía y sus pobladores, la visión y compromiso debe ir más allá; de manera que se pueda generar un efecto positivo a corto plazo en la atención de las demandas en salud y educación para disminuir las brechas de exclusión social.

Procesos de este tipo, requieren un fortalecimiento organizacional permanente y secuencial, que permita generar condiciones habilitantes para que las organizaciones indígenas puedan gestionar recursos de manera directa (sin requerir de organizaciones no-indígenas intermediarias); ello demanda además esfuerzos y compromisos de: empoderamiento interno, auto regulación, mejora de sus mecanismos de inversión y rendición de cuentas, administración de la información, fortalecimiento de sus estrategias de seguimiento, evaluación, reporte y sistematización, entre otros.

Mirada hacia el futuro

La aspiración es contar con un movimiento indígena amazónico fuerte, incluyente, armónico y organizado que implemente de manera efectiva una agenda regional para la restauración y conservación de sus territorios, es decir de la Amazonía. Con transformaciones estructurales no sólo en cuanto a su visión, sino también con respecto al rol de los pueblos indígenas: de beneficiarios de las intervenciones a ser co-ejecutores y socios directos de las mismas, para lo cual es requerida su consolidación como organizaciones fuertes en el ámbito político, administrativo y técnico.

Desde esta visión, la UICN sigue comprometiéndose en:

  • El desarrollo de iniciativas que contribuyan a implementar una agenda regional para la conservación del bioma desde el respeto e inclusión cultural
  • Acompañar la consolidación del movimiento indígena y promover la Membresía de la Unión por parte de organizaciones y pueblos indígenas
  • La implementación de la Resolución 129 “Amazonía por la vida: protejamos el 80% para el 2025”, promovida por la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), la cual fue aprobada el año pasado en el Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN, con el objetivo de implementar acciones concretas para evitar llegar al punto de no retorno.

Si las poblaciones indígenas están bien, el bioma amazónico tiene posibilidades de estar bien, por lo tanto, la salud ambiental del planeta tiene posibilidades de mejorar.

Las organizaciones indígenas demandan una reacción pronta y oportuna. Proponen, además, pasar de la protesta a la propuesta; a dejar de ser vistos como simples guardianes de la Amazonía, sino como protagonistas legítimos de la gestión integral de sus territorios. Lo anterior configura un escenario de oportunidad significativo, sin embargo, la inacción o la acción incorrecta podría llevarnos al punto de no retorno para la sobrevivencia humana. Las condiciones están dadas, por lo que la interrogante queda abierta y planteada: ¿qué vamos a hacer?

Encuentro de Veedores Forestales Indígenas, Atalaya, Perú, 2018Photo: Amazonía 2.0 – Karua Films / UICN

 

Referencias

[1]

A. Thomson, «GREENPEACE,» 02 Mayo 2020. [En línea]. Available: https://tinyurl.com/43z8sdm8.

[2]

B. S. Soares-Filho, . D. C. Nepstad, L. M. Curran, G. C. Cerqueira, . R. A. Garcia, C. A. Ramos, . E. Voll, . A. McDonald, A. McDonald y P. Schlesinger , «Modelling conservation in the Amazon basin,» Nature volume 440, pages520–523, 2006.

[3]

A. Bjørndal, «Rainforest Foundation Norway,» n/d. [En línea]. Available: https://www.regnskog.no/en/what-we-do/the-amazon.

[4]

CAF, «Bando de Desarrollo de America Latina,» 08 junio 2021. [En línea]. Available: https://www.caf.com/es/conocimiento/visiones/2021/06/la-amazonia-un-ecosistema-clave-para-america-latina/.

[5]

M. Igini, «EARTH.ORG,» 11 julio 2022. [En línea]. Available: https://tinyurl.com/5ccycube.

[6]

A. J. Paz Cardona , «MONGABAY,» 16 noviembre 2021. [En línea]. Available: https://es.mongabay.com/2021/11/nuevo-estudio-amazonia-punto-de-inflexion-catastrofico/

[7]

FAO y FILAC, «Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques. Una oportunidad para la acción climática en América Latina y el Caribe.,» FAO, Santiago, 2021.

[8]

COICA, «LA DEFENSA DE LOS DEFENSORES Y DEFENSORAS INDÍGENAS GARANTIZA LA PROTECCIÓN DE LA AMAZONÍA,» Somos COICA. Primera edición, 1 Abril 2022. [En línea]. Available: https://coicamazonia.org/la-defensa-de-los-defensores-y-defensoras-indigenas-garantiza-la-proteccion-de-la-amazonia%EF%BF%BC/.

 

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