Conservar o no conservar: ¿dónde radica el dilema de la biodiversidad en América del Sur?

05 July 2013 | News story
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Arturo Mora
Con nacionalidades colombiana y ecuatoriana, Arturo Mora es Oficial de Programa de la Oficina Regional de UICN para América del Sur encargado de los temas de Política sobre biodiversidad, Economía y sector privado. Especialista también en temas de comercio internacional y medio ambiente, economía ambiental, zonificación económica ecológica y desarrollo sostenible.
Economista Ambiental de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Máster/DEA y Alicante al Doctorado en Conservación Internacional de la Biodiversidad de las Universidades de Córdoba e Internacional de Andalucía (España) y con Certificación de Postgrado en Medios de Vida Sostenibles de la Universidad de Bradford de Gran Bretaña
 

 El actual contexto mundial y sudamericano se enmarca aún bajo la premisa del crecimiento económico como medida de la prosperidad de las naciones. Aunque la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Rio+20, celebrada el pasado junio, incitó a los países asistentes a buscar la clave del desarrollo en la calidad más que en la cantidad, en la práctica las naciones siguen basando su desarrollo en el modelo de crecimiento; esto en nuestra región implica en muchos casos la explotación no sostenible de los recursos naturales con los que contamos.
En América del Sur, los países apuestan a la explotación de recursos renovables y no renovables a mayor escala, para asegurar el financiamiento de sus presupuestos estatales, con la esperanza de lograr una mejor distribución del ingreso en una de las regiones más inequitativas. Al mismo tiempo, la región lidera, paradójicamente, el debate sobre el reconocimiento de la naturaleza y sus derechos, como pilar de un desarrollo equilibrado y respetuoso del medio ambiente.
La región ha expresado la necesidad de desarrollar mecanismos que incentiven la conservación de la naturaleza, que no necesariamente estén basados en el mercado. Estos mecanismos reconocen la importancia del disfrute de los servicios que los ecosistemas proveen para todos los miembros de la sociedad. Sin embargo, y con el ánimo de no caer en la trampa de la “tragedia de los comunes”, se han establecido elementos que regulen esa mejor participación de los beneficios de la naturaleza, servicios de los cuales las poblaciones más vulnerables siguen siendo aún las más dependientes. Un ejemplo de esto, es el creciente interés que el tema de acceso y distribución de los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos que provienen de la biodiversidad tiene al momento, como elemento estratégico para promover desarrollo local de pueblos indígenas y comunidades de campesinos e incentivar la conservación de la naturaleza.
A una escala mayor, la región enfrenta el desafío de financiar la conservación. El Convenio sobre la Diversidad Biológica señaló la necesidad de duplicar los recursos financieros que se destinen a la conservación y al uso sostenible de la biodiversidad. En su última reunión de los países Partes, hizo un llamado a los países desarrollados a apoyar los esfuerzos de conservación de los países en desarrollo y a éstos últimos para que incrementen el financiamiento nacional en pos de la conservación, mejoren la definición de sus presupuestos nacionales y desarrollen cuentas nacionales verdes.
La conservación a través de herramientas tradicionales en América del Sur seguirá vigente; vale la pena resaltar dos casos particulares. Por un lado, la región tiene un récord importante respecto a la designación de áreas protegidas terrestres como un mecanismo dinámico, donde se integran las necesidades de la población local y aledaña con las prioridades de conservación. Por otro lado, está la protección y la conservación de especies amenazadas en la región, que ha permitido una de la mejor toma de decisiones a partir de la mejor información disponible, por parte tanto de los administradores de los recursos como de las poblaciones que se benefician de ellos.
En ambos casos, aún queda trabajo por hacer. Con respecto al primero, el desafío es alcanzar la Meta 11 de Aichi del CDB, nos recuerda que todavía hace falta trabajo para la designación de áreas de conservación marino-costeras nacionales, que no ha alcanzado todavía el porcentaje mínimo adoptado del 10%. Esta designación, de gran urgencia para aquellas áreas asentadas en importantes centros de recursos pesqueros, muchos de ellos amenazados al momento, refleja la clara necesidad del trabajo conjunto con las autoridades ambientales, las comunidades locales de pescadores, la empresa privada, las ONG y centros académicos y de investigación, que permitan cumplir con los objetivos de desarrollo y uso sostenible. Y sobre el segundo caso, América del Sur es uno de los líderes mundiales al respecto de información nacional de de especies amenazadas basadas en las listas y libros rojos de especies amenazadas; pero desafortunadamente la información de alta calidad no ha logrado evitar la tendencia a la desaparición de especies, indicada en la Lista Roja de especies de UICN 2012 (www.iucnredlist.org) donde más de 4.000 especies continúan enfrentando la amenaza de la extinción.
Curiosamente, y en el actual contexto de la crisis financiera, el mundo mira ahora a América del Sur como uno de los continentes con mayor crecimiento económico tradicional. Sin embargo, casa adentro tendremos que seguir cuestionándonos si la dirección en la que vamos es la más conveniente para lograr este desarrollo equilibrado del cual podamos disfrutar tanto nosotros como las futuras generaciones de sudamericanos. La UICN-Sur, por lo pronto, seguirá estableciendo esos espacios para la discusión y para la implementación de acciones claves a favor de la naturaleza en la región más biodiversa del planeta.

Este artículo forma parte de la revista electrónica de UICN-Sur, Conservación Ahora. Julio 2013.


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