Cambio climático: si conservamos los ecosistemas y protegemos el conocimiento tradicional, mejoramos nuestra capacidad de adaptación

05 July 2013 | News story

Rommel Lara, Coordinador del proyecto de UICN y SPDA El clima cambia, cambia tú también. Antropólogo por la Pontifica Universidad Católica del Ecuador (PUCE), Máster en Ciencias Sociales con mención en estudios socioambientales por la FLACSO. Actualmente se desempeña como profesor en el departamento de Antropología de la PUCE. Ha trabajado en temas relacionados con pueblos indígenas y conservación de la diversidad biológica, conflictos socioambientales y políticas públicas sobre conservación de la naturaleza.

 El cambio climático es uno de los temas que más le preocupan a los científicos y gobernantes en todo el mundo. La verificación de que en el último siglo se han emitido más gases de efecto invernadero provocados por actividades humanas que en 2000 mil años y las consecuencias que este incremento podría traer son hechos frente a los cuales se apilan varias hipótesis. Existe el conceso de que la temperatura promedio del planeta aumentará, pero no se sabe exactamente cuántos grados y, sobre todo, cuál sería la dimensión de las consecuencias del incremento de temperatura. Sin muchas certezas, los problemas relacionados con las variaciones del clima aumentan tanto en cantidad como en magnitud y, frente a ello, se diseñan e implementan respuestas.

Dos de las principales preguntas que se hacen los expertos científicos del clima son ¿cómo podemos reducir las acciones que están causando el cambio climático? y ¿cómo podemos hacer para adaptarnos a las nuevas condiciones del clima? En respuesta, gobiernos y ONG’s implementan proyectos para enfrentar sequías, inundaciones, pérdidas de cultivos y desplazamientos humanos. Algunas de estas respuestas tienen que ver con la predicción de escenarios climáticos, la creación de variaciones mejoradas de semillas, la creación de mercados para la valoración de la retención de Co2 y la construcción de infraestructura. Éstas son monitoreadas y evaluadas permanentemente con el objetivo de verificar si realmente estamos adaptándonos al cambio climático o si estamos mitigando sus causas.

La UICN propone que la mejor alternativa que tenemos para enfrentar este fenómeno mundial es mejorar las condiciones de la naturaleza, cuidar y conservar los ecosistemas de los que dependemos los seres humanos. Un ecosistema saludable tiene mayor capacidad de resistencia frente a inundaciones o sequías.

En esta tarea, el rol que cumplen las poblaciones locales y sus conocimientos sobre la naturaleza y el clima son importantes por tres motivos: reducen la incertidumbre frente a las variaciones del clima, brindan opciones de adaptación y son parte de procesos democráticos de participación y desarrollo endógeno.

En cuanto a la reducción de la incertidumbre, las poblaciones agrícolas, o aquellas que dependen directamente de los ecosistemas donde habitan, son más sensibles a las variaciones del clima, ya que estos cambios afectan sus medios de vida, sus sistemas productivos, su infraestructura y, en algunos casos, incluso, sus sistemas políticos y sus creencias religiosas. Por ejemplo, en la amazonía colombiana, los grupos muinane y nonuya asentados en el Medio Río Caquetá tienen dificultades para la realización de sus rituales relacionados con la cosecha y la maduración de los frutos y, alrededor de estos problemas se crean interpretaciones sobre el calendario agrícola y las variaciones del clima. Estos conocimientos brindan una lectura diferente del clima que podría sumarse a las interpretaciones del conocimiento científico y reducir la incertidumbre sobre las causas y consecuencias del cambio climático.

En lo que se refiere a adaptación, las respuestas que estas poblaciones tienen frente a las consecuencias de las variaciones del clima son parte de un legado cultural que da cuenta de procesos de adaptación de varias generaciones en ecosistemas determinados. Su presencia en esos hábitats es una verificación de adaptación y transformación (sin grandes impactos) de los ecosistemas donde viven. Temas como seguridad alimentaria y agroecología se tejen en torno a las prácticas de adaptación de las poblaciones locales.

Finalmente, la inclusión del conocimiento tradicional en la formulación de políticas públicas sobre cambio climático es un ejercicio democrático de participación ciudadana y descentralización, ya que las poblaciones locales, al formar parte de Estados nacionales, tienen la oportunidad de hacer demandas a las instituciones nacionales para que estas se transformen en políticas públicas. Los Estados nacionales, por su parte, pueden incluir las demandas de poblaciones históricamente relegadas, procurando una distribución más equitativa de las responsabilidades y beneficios sobre el territorio.

La conservación de la naturaleza como mecanismo de respuesta frente al cambio climático es una tarea compleja que amerita de compromisos y acuerdos entre diferentes actores. Poblaciones locales, autoridades locales y gobiernos nacionales constituyen una estructura en la que la articulación y el diálogo deben ser sus características más importantes. Las respuestas frente al cambio climático deben recorrer todos y cada uno de estos actores, además de vincularse con los compromisos internacionales y los debates de vanguardia sobre este tema. De esta manera, no solo se hace una gestión más eficiente, participativa y descentralizada, adicionalmente se da paso a la construcción de formas de desarrollo endógenas y comprometidas con la conservación de la naturaleza.

Este artículo forma parte de la revista electrónica de UICN-Sur, Conservación Ahora. Julio 2013.