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Week Three - “The New Economy and Biodiversity”
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La meta del crecimiento económico es, en principio, un propósito encomiable. En general, a todos nos gusta ver que los indicadores económicos muestren tendencias positivas. Sin embargo, la prioridad nacional de buscar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ha conducido a una irracional e inequitativa carrera en la cual el Desarrollo Humano y la sostenibilidad ambiental se han convertido en propósitos totalmente secundarios.

En efecto, a pesar de que la comunidad internacional ha asumido compromisos importantes como la Declaración del Milenio (2000) y el Plan de Aplicación de Johannesburgo (2002), en la práctica las prioridades de los gobiernos, tanto en el mundo desarrollado como en desarrollo, continúan centradas en la acumulación de riqueza como un objetivo en si mismo.

Durante las dos últimas décadas, la realidad ha demostrado que no era correcta la hipótesis según la cual el crecimiento económico per se conduce a la reducción de la pobreza. Yo agregaría que tampoco es cierto que el crecimiento económico garantice una mayor inversión en gestión ambiental y conservación de ecosistemas.

Estoy de acuerdo con la Profesora Lu Zhi cuando dice que el mercado desempeñará un papel fundamental en el futuro de la sostenibilidad. Más aún, creo que nos guste o no, el mercado es la fuerza fundamental que mueve al mundo actual. Pero es una fuerza bruta y debemos trabajar sobre ella para que evolucione en un sentido más positivo y en beneficio de toda la humanidad. En concordancia con el comentario del Dr. Mahmood, los mercados por si solos no tienen vocación de sostenibilidad, y me parece que ni siquiera apuntan hacia una sostenibilidad económica. Las fuerzas del mercado son cortoplacistas y por si solas no desarrollan ningún mecanismo de equidad social.

Tal como lo señalaba en mi comentario de la semana anterior, creo que el libre comercio, la conservación de ecosistemas y el bienestar humano no son incompatibles en esencia. Lo que dificulta el avance hacia una sana interacción entre ellos es el predominio de los intereses de unos pocos países y grupos corporativos. Con el argumento de que la inversión extranjera debe ser atraída a toda costa, muchos países en desarrollo se ven obligados a reducir sus estándares de protección ambiental y erosionar sus valores culturales. Si las reglas del juego fuesen equitativas y si la negociación de tratados de libre comercio incluyese intereses colectivos y no solamente intereses corporativos, los beneficios serian mayores para todos.

En el mundo en desarrollo, la mayoría de los países, con gobiernos de derecha o de izquierda, sienten temor de asumir plenamente la vía de la sostenibilidad, pues esto puede significar que se pierda competitividad y relevancia en el escenario económico internacional. Se trata por supuesto de un temor razonable. En un mundo globalizado no es fácil actuar contra corriente. Se requeriría el consenso de grandes bloques de países para promover cambios reales.

Me parece que esfuerzos aislados no tienen muchas posibilidades de éxito. Necesitamos la suma de voluntades de varios líderes y bloques regionales para imprimirle equidad social y sostenibilidad ambiental a la agenda económica internacional. Sería necesario, por ejemplo, que las grandes economías emergentes como Brasil, Rusia, India y China decidiesen asumir en conjunto un nuevo modelo económico. En ese caso, es muy probable que otros bloques como el Sureste de Asia, América Latina, África e incluso muchos europeos perdiesen el temor de dar un paso decidido hacia un mundo más justo y sostenible.