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Week Two - “Human Wellbeing and Sustainability”
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Cualquiera que sea la definición de "bienestar" (wellbeing) o de "buen vivir" (good life), resulta claro que la mayor parte de la gente en el mundo no goza de ellos. De hecho, la inequidad social es posiblemente el mayor problema que afronta la humanidad actualmente. Ella es causa de la mayoría de los conflictos a escala global, regional, nacional y local.

El medio ambiente y los servicios ecosistémicos son factores fundamentales en el tema de la justicia social. Si bien no son los únicos factores en juego, su manejo sostenible y equitativo puede contribuir decididamente a mejorar la calidad de vida de los pobres y, aunque suene paradójico, también de los ricos. Más allá de las causas sociales, económicas y políticas de la pobreza, es evidente que el acceso a los recursos naturales no es equitativo en el mundo.

Consecuente con lo anterior, me parece que el Dr. Khosla acierta de forma contundente cuando establece que el desarrollo sostenible es necesario para lograr un mundo equitativo y socialmente justo.

Sin embargo, en la práctica el desarrollo sostenible se enfrenta a una resistencia por parte de quienes tienen intereses y visiones individuales y de corto plazo. Tenemos aquí un problema delicado, pues una minoría rica, tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo, carece de verdadero interés en el desarrollo sostenible. El fundamento ético de la sostenibilidad no es compatible con el acceso preferencial y control privilegiado sobre los recursos naturales que unos pocos ejercen. La teoría de la sostenibilidad adorna los discursos, pero la mayoría de tomadores de decisión y corporaciones no aplican a fondo sus principios.

En el actual contexto internacional se plantea una situación perversa. La meta principal de países y bloques económicos es crecer económicamente en medio de una desaforada competencia global. No importa mucho si se redistribuye la riqueza. No importa mucho si los ecosistemas son degradados. Solo importa el aquí y ahora. Los líderes sienten temor de que si deciden asumir la vía de la sostenibilidad, esto puede significar que se pierda competitividad y relevancia en el escenario económico internacional.

Por eso más que dificultades técnicas, la sostenibilidad y el bienestar humano enfrentan barreras asociadas a poderosos intereses económicos y políticos. En realidad, muchas soluciones técnicas están a la mano y los recursos financieros suelen aparecer cuando existe decisión. Falta el consenso de voluntades que mueve los grandes procesos de la humanidad.

Como una contribución a este debate, quisiera reflexionar también respecto a algunas ideas confusas que circulan en muchos documentos, proyectos y discusiones sobre desarrollo sostenible, economía y bienestar humano:

• ¿Son incompatibles el libre comercio, la conservación de ecosistemas y el bienestar humano?. El libre comercio, la conservación de ecosistemas y el bienestar humano no son incompatibles en esencia. Lo que dificulta el avance hacia una sana interacción entre ellos es el predominio de los intereses de unos pocos países y grupos corporativos. Con el argumento de que la inversión extranjera debe ser atraída a toda costa, muchos países en desarrollo se ven obligados a reducir sus estándares de protección ambiental y erosionar sus valores culturales. Si las reglas del juego fuesen equitativas y si la negociación de tratados de libre comercio incluyese intereses colectivos y no solamente intereses corporativos, los beneficios serian mayores para todos.
• ¿Quién degrada más el ambiente, los pobres o los ricos? Los pobres no son los principales agentes de impacto sobre los ecosistemas. Los ricos y las clases medias, cuyos hábitos de consumo son excesivos e innecesarios, generan mayor degradación ecosistémica que los pobres, aun cuando estos últimos son mayoría. Esto nos incluye como responsables a la mayoría de los ambientalistas tanto en países desarrollados como en desarrollo. También es válido a escala de países. Los países desarrollados presionan más intensamente los recursos de pesquería, y los servicios ecosistémicos como la regulación del clima global y la regulación de la calidad del aire, en comparación con los países en desarrollo.
• ¿Quiénes tienen menor acceso a los servicios ecosistémicos: los pobres rurales o los pobres urbanos? . En términos cuantitativos, la mayor carencia en términos de bienestar humano se encuentra en las ciudades no en los campos. Los servicios ecosistémicos deben llegar de forma equitativa a los pobres que viven en las ciudades. Esto significa que los pobres urbanos, y no solamente los pobres rurales, deberían ser objeto de atención por parte de los grandes proyectos que asocian el bienestar humano con la sostenibilidad.
• ¿A quién afecta la degradación ambiental: a los pobres o a los ricos? . El discurso actual sobre sostenibilidad argumenta con frecuencia que los pobres se afectan por causa de la degradación de los ecosistemas, pues sus modos de vida se deterioran. Esto es totalmente cierto, pero es una verdad a medias. En cambio, se menciona con poca frecuencia que l a degradación del medio ambiente también afecta a las sociedades ricas, a su entorno ambiental y, por lo tanto a su calidad de vida. Con esto se tiende a generar en la mente de los ciudadanos ricos y de clase media, la idea errónea que la conservación de la naturaleza es importante solo para los pobres.

En conclusión, me parece que en el debate político sobre la pobreza y el medio ambiente dos temas son críticos:

• el tema de la equidad en el acceso a los servicios ecosistémicos.
• el tema de la responsabilidad diferenciada en la degradación de los recursos naturales.

No se trata de una confrontación entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo, o entre empresarios y ciudadanos en países pobres, sino de un serio dialogo orientado a la aceptación de responsabilidades y deberes. Cooperación no por altruismo de países ricos con países pobres sino por la mutua conciencia y sentido de la responsabilidad.

En mi respuesta a las preguntas del Dr. Khosla, me surge una idea recurrente. Necesitamos incrementar una civilizada presión social en escenarios democráticos para que los gobiernos y las corporaciones tomen realmente en serio el tema de la sostenibilidad. Para ello, es fundamental dotar cada vez más a los ciudadanos de información objetiva, real y relevante que demuestre los nexos entre la conservación de ecosistemas, la equidad social y el bienestar.