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Week One - “Global Challenges to Sustainability in the Twenty-First Century”
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Los descubrimientos fundamentales en la biología de la conservación y la ciencia ambiental

La biología de la conservación y las ciencias ambientales apenas están entrando en su madurez como disciplinas derivadas de las ciencias básicas. La especulación teórica está dando paso a conocimiento cada vez más confiable y aplicable. En efecto, durante las dos últimas décadas se ha avanzado mucho en la validación en el campo y en el ajuste de los modelos teóricos sobre el funcionamiento de ecosistemas. Al mismo tiempo, la sistematización de numerosos experimentos y estudios piloto está conduciendo al desarrollo de tecnologías cada vez más replicables y útiles para la sociedad.

Los siglos XIX y XX vieron florecer notables acervos de conocimiento básico por parte de naturalistas, biólogos y ecólogos. Todavía no se han completado los inventarios de biodiversidad y aun son numerosas las preguntas sobre la ecología del planeta. Sin embargo, ahora es el tiempo de hacer énfasis en la práctica basada en conocimiento sólido. Los actores fundamentales tendrían que ser los científicos y los conocedores tradicionales, no los burócratas del ambientalismo internacional. El papel de estos últimos es muy importante como facilitadores, sistematizadores de conocimiento y gestores, no tratando de jugar a ser científicos. Su fortaleza no es precisamente la ciencia y la tecnología de la conservación. En esto han venido usurpando el terreno de la comunidad científica y han hecho un enorme daño al generar una proliferación de especulativos modelos y técnicas que responden más al interés por "vender" una marca institucional.

La reivindicación social y política de la comunidad científica no es solamente un asunto de oportunidad sino también de urgencia. Tal como ocurrió con la física aplicada en el siglo XX, el siglo XXI debería ser testigo de notables desarrollos en la aplicación de las ciencias naturales. En medio del complejo y confuso momento que vive la humanidad, sería enormemente oportuno que la ciencia y la tecnología cumplieran más activamente su rol como orientadores de unas agendas de desarrollo centradas en el bienestar humano, la conservación de los ecosistemas y la sostenibilidad.

Más que nuevos descubrimientos o paradigmas básicos, lo que yo esperaría en el siglo XXI es la consolidación de las disciplinas ambientales como fuentes de conocimiento confiable que oriente decisiones de los ciudadanos y de los gobiernos. Además que se potencie el desarrollo de tecnologías sostenibles útiles a la sociedad. Los primeros actores que tenemos la obligación de utilizar la ciencia y la tecnología somos los ambientalistas. Sin embargo, con frecuencia dejamos de lado serios argumentos derivados de la ciencia y nos desgastamos en insubstanciales debates débilmente sustentados y más bien cargados de especulación.

Esperaría también una relación más orgánica de estas disciplinas con las ciencias sociales y las ciencias económicas, sin supeditación teórica frente a estas. No nos hace ningun bien la debil cooperacion y la escasa articulación entre las ciencias sociales y las ciencias ambientales. Asi mismo no ayuda mucho al desarrollo y bienestar humano la actitud prepotente de las ciencias económicas.

¿Cómo asegurar que los grupos de interés (desde líderes empresariales hasta campesinos pobres) se involucren en la definición de las prioridades y la aplicación de los nuevos avances de la ciencia y tecnología?

Un paso importante sería terminar la torpe carrera entre las grandes organizaciones del ambientalismo internacional por dominar el "mercado" de las soluciones científicas y tecnológicas al desarrollo sostenible. Está demostrado que ninguna tiene la receta ideal. Sus valiosas capacidades serían mucho mejor utilizadas a través de la cooperación y no del torpe individualismo actual. Para todos es más útil una competencia racional y no la entendible pero ineficiente lucha por fondos internacionales.

El público y los grupos de interés son sensibles a mensajes conservacionistas serios, a ofertas objetivas y validadas de conocimiento y a tecnologías consistentes que no respondan al simple interés por establecer una marca institucional.

¿Cómo pueden los científicos formular mensajes más positivos ?

Los científicos hacen bien su trabajo de investigación pero no siempre son buenos comunicadores a la sociedad. Este no es su trabajo. Se necesitan canales que sistematicen y traduzcan el conocimiento que ellos generan.

UICN podría volver a ser un catalizador, un provocador de grandes debates y nuevas reflexiones, basados en ciencia y tecnología. Pero para eso debe salir del círculo cerrado del ambientalismo y de las pequeñas "sociedades de elogios mutuos". En todo caso, por su estructura teóricamente abierta, se encuentra en buena posición para ampliar y renovar el pensamiento en materia de desarrollo sostenible. Las Comisiones de especialistas, conformadas en buena medida por científicos, son un vehículo excelente para canalizar mensajes y propuestas de la comunidad científica hacia la sociedad.

A pesar de que estas Comisiones en sus inicios ofrecieron conceptos valiosos e innovadores (listas rojas, categorías de áreas protegidas) ahora se encuentran debilitadas por un excesivo centralismo y burocracia. Actualmente, los Comités Directivos de estas Comisiones no han sido capaces, en general, de movilizar la riqueza de sus redes. Trabajan en realidad con muy pequeñas fracciones de las mismas. El desafío consiste en repotenciar esas Comisiones que hoy parecen "ruedas sueltas" en la estructura de UICN y lograr que vuelvan a servir como canales de propuestas positivas de los científicos para la comunidad internacional.