IUCN - De osos polares y zoológicos

De osos polares y zoológicos

15 November 2012 | News story
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¿Alguien recuerda la historia de Knut? Fue un ejemplar de oso polar nacido en cautiverio, que quedo huérfano y que durante largo tiempo fue criado en las instalaciones del zoo de Berlín, Alemania.

El gran esfuerzo para que sobreviviera, la gran dedicación puesta en ello y las imágenes tiernas de su infancia entre humanos y mamaderas lo convirtieron en un éxito mediático mundial. Todos querían ver al osito blanco, pagaban la entrada y compraban remeras, fotos y todo tipo de  productos publicitarios. Sólo en el año 2007 se reportaron ingresos por 7 millones de dólares en ese paseo. Un valor que va más allá de la distancia en kilómetros que lo separaban de su hábitat original, el ártico, y del sentido de especie de pertenencia que podía generar en sus asiduos visitantes. Los que visitaban este zoo europeo lo hacían por el simple hecho de ver al oso polar más famoso, sin llegar a comprender seguramente su real condición en la naturaleza. Un tiempo después y sorpresivamente, Knut murió. Por aquel entonces surgió la pregunta lógica: ¿vale la pena tener un oso polar en un zoológico? Más concretamente: ¿en uno tan lejos de su verdadero entorno natural y de valor cultural? En Latinoamérica existen zoos con osos polares, y la pregunta es la misma: ¿educan o concientizan sobre su situación actual a una sociedad que naturalmente no los tiene?

El Oso Polar (Ursus maritimus) es una especie emblemática y uno los grandes mamíferos amenazados actualmente por la contaminación, su hibridación con osos grizzlies, conflictos con pobladores y el cambio climático global. Sin olvidar su presión histórica de caza. La elevada temperatura registrada en los polos hace desaparecer bajo sus pies el hielo marino que por tantos milenios recorrió para buscar su sustento y reproducirse. Por esta razón deben transitar mayores distancias, llegando a lugares lejanos e inhóspitos. Se sabe de osos que llegaron a las costas de Islandia, luego de atravesar 300 kilómetros desde el sureste de Groenlandia. O el de una hembra que nadó 9 días seguidos, 232 horas. Gran caminador y nadador, puede medir dos metros y medio y pesar promedio 400 kilos. Su hábitat natural lo componen témpanos y desiertos de hielo del, para muchos de nosotros, lejano Ártico. Hoy tiene la categoría de Vulnerable según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su población, según este organismo, está en alarmante baja. EEUU, Canadá y Rusia lo incluyen en sus listas de mamíferos amenazados.

La presencia de un animal en un zoológico como tal genera discusiones acaloradas e interminables entre los defensores de los derechos de los animales y los dueños o administradores de estos paseos. Unos proclaman la desaparición completa de estos sitios, mientras que los otros defienden lo que consideran su negocio o mantienen lugares estatales lo mejor que pueden. Detrás vienen los conservacionistas con sus mediaciones en el asunto, comprendiendo la situación de cada ejemplar y tratando de aprovechar al máximo su potencial educativo. En el caso de los osos polares, lo primero que se debe evaluar es si se logran las condiciones óptimas en las que debe estar un animal de estas características. Sin ellas, podremos deducir que su calidad de vida se verá notablemente afectada por la falta de su entorno natural. Nos encontraremos con el problema de albergar a un ejemplar valioso por su situación crítica mundial, en un espacio inadecuado y desaprovechando el potencial educativo que puede proporcionarle, en última instancia de su encierro, a la sociedad. Sin un exhibidor adecuado, no podrá cumplirse con el objetivo de exponerlo para una función didáctica, ya que los asistentes sentirán lastima en lugar de asombro o curiosidad. Y esto sucede en muchos zoos.

Lo siguiente es buscar la verdadera razón de su estadía en este tipo de lugares. Originalmente debería ser pasajera, por motivos de recuperación de alguna enfermedad, estrés por haber sido cazado o lastimado en conflictos con pobladores o recuperado de un coleccionista privado de fauna salvaje. Esto con la idea posterior de reinsertarlo a su hábitat originario, si fuera posible su recuperación. Lo cierto es que en la mayoría de los casos sus huesos descansaran allí, o será intercambiado o paseado por diferentes zoológicos. Y esto fundado seguramente en su calidad de atracción, como lo seria en un circo. Así pueden observarse zoos en nuestras grandes ciudades con recintos que tienen piletas donde el animal puede nadar, pero sólo eso. Otros tienen espacios reducidos, incluso para dos osos. Algunos deben soportar estoicamente temperaturas de 40 grados en el verano. Qué otra cosa pueden hacer, sino dormir todo el día o tener actitudes repetitivas (pacing) las cuales son síndrome de la reclusión.

Existen desde la óptica conservacionista casos fundados en donde es real la imposibilidad de reintroducir a estos animales a su hábitat original, ya sea por haber sufrido un imprinting humano desde pequeños, por la posibilidad de transmitir enfermedades a las poblaciones sanas (y que son escasas) o por una avanzada edad. Deben permanecer en cautiverio, por mucho que nos cueste aceptarlo, ya que de otra manera morirían de hambre o representarían una amenaza para las comunidades y tarde o temprano serian ultimados. Teniendo en cuenta que existen zoológicos que albergan osos polares de estas características, pero que no tienen dadas las condiciones para resguardar a una especie de esta magnitud, que solo las mantienen allí por un afán económico y que por esta razón no cumplen su verdadera misión fundacional de enseñar, y que al final de cuentas tampoco es una especie nativa en muchos de los lugares en los que se los expone; ¿No seria conveniente en estos casos dejar a los extraordinarios documentales la función de enseñar y concientizar sobre su problemática actual y trasladar estos ejemplares cautivos a sitios mas propicios para su estadía o donde se pueda hacer una verdadera puesta en valor?

Promover el debate en cada ciudad donde existan ejemplares de osos polares puede ser una herramienta valiosa para comenzar. Puede hacerse a traves de organizaciones no gubernamentales (ONGs) ambientalistas o por iniciativas individuales. Ayudados por folletos o sitios de Internet. El objetivo es lograr transmitir a la comunidad y a las autoridades estatales o privadas de los zoos implicados, los beneficios de que sus ejemplares en cautiverio fueran parte de un programa que logre su inseminación artificial con los silvestres o los que se encuentran dentro de áreas protegidas de donde son originarios estos animales. Además, su reubicación en lugares adecuados podría mejorar sensiblemente su calidad de vida. El desafío consistirá en vencer a los argumentos monetarios que se puedan esgrimir por parte de las autoridades para mantener a estos animales en su lugar actual.

Como ejemplo de trabajo mancomunado se puede citar un conjunto de zoológicos de EEUU y Canadá que llevan adelante la campaña “Salve el hielo, salve los osos polares”,  que concientiza a los visitantes con el lema “juntos podemos salvar a los osos polares y al ártico, pero debemos actuar pronto”. Estos zoos actúan como embajadores de la PBI (Polar Bears International), una ONG que ayuda a estos plantígrados en su cautiverio con actividades de enriquecimiento ambiental y participa en las comunidades cercanas promoviendo la reducción de emisiones CO2 para luchar contra el cambio climático. Además, proveen a los establecimientos de material didáctico, fotos, replicas de cráneos y garras, etc. Todo esto es aprovechado al máximo por los visitantes que se sienten movilizados a participar en la protección de este magnifico mamífero, ya que los involucra activamente por su cercanía y su historia. Es solo una de las iniciativas, pero seguro existen más. La próxima puede ser la suya.

Diego Ferrer, Guardaparque, dgf_info@yahoo.com.ar


 


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