Los ecosistemas del Caribe suplen importantes recursos para los medios de vida humanos y el bienestar, tales como alimentación, plantas medicinales, materiales y combustible. A través de la provisión de un incontable número de servicios ecosistémicos tales como protección costera contra el oleaje marino, así como conservación de suelos y protección del agua; la naturaleza también apoyo a las economías regionales e internacionales.
Pese a esto, ésta profusa biodiversidad está bajo grave riesgo. Solo 10% de la cobertura forestal original se mantiene y esta ocurre únicamente en pequeñas y disgregadas zonas las cuales están en continua reducción. Actualmente, al menos 50 especies del Caribe han sido llevadas a la extinción principalmente a causa de la aparición de especies exóticas invasoras.
La región insular posee una población humana aproximada de 35.5 millones de personas lo que conlleva una densidad poblacional de 155 personas por kilómetro cuadrado. Ésta cantidad de población humana, mucha de la cual depende directamente de la biodiversidad como medio de subsistencia ha tenido un impacto significativo sobre la diversidad biológica de la región. Deforestación, sobreexplotación y la introducción de especies exóticas han degradado los sistemas naturales en la región, a un nivel de destrucción muy alto, el cual, hoy está siendo exacerbado aun más por el Cambio Climático.
Existe la necesidad urgente de impulsar acciones de conservación las cuales requieren de información confiable acerca de la distribución, el hábitat, la salud de las poblaciones animales y vegetales, así como la determinación de las principales amenazas que enfrentan. En ausencia de tal información, la mayoría de iniciativas de desarrollo económico continúan a paso firme sin tener una clara comprensión de los impactos que están causando sobre la biodiversidad.
La implementación de políticas internacionales de conservación como el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD), la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), así como acuerdos regionales como el Protocolo para las Áreas y las Especies especialmente Protegidas (SPAW, por sus siglas en inglés) mediante el desarrollo de legislaciones nacionales sobre biodiversidad, requieren alta calidad de la información para determinar el estado de la conservación de las especies.
En respuesta a una resolución lograda durante el Congreso Mundial de la Conservación de la UICN en el 2004 en Tailandia, la Oficina Regional para Mesoamérica y el Caribe de la UICN, ha desarrollado e implementado una iniciativa desde el año 2008, la cual busca dar apoyo al Caribe Insular en cuanto a temáticas de conservación y desarrollo sostenible. De este esfuerzo surge la necesidad y oportunidad de preparar una Lista Roja de Especies para el Caribe, acción que se ha identificado como clave para alcanzar las metas de conservación trazadas.
La Lista Roja de Especies Amenazadas es una metodología internacionalmente reconocida para evaluar el estado de la biodiversidad y puede ser utilizada para monitorear tendencias para la toma de decisiones de conservación. En el 2003, en respuesta a una creciente demanda de este tipo de información, UICN desarrolló un conjunto de criterios de evaluación transparentes y cuantitativos para evaluar el estado d elas especies a nivel regional. Este enfoque es ahora aceptado como un parámetro internacional y está siendo aplicado en muchos países y regiones a lo largo y ancho del mundo.
Muchos países y territorios dentro del Caribe han lanzado iniciativas para evaluar el estado de conservación de su propia fauna y flora tales como Antigua-and-Barbuda, Cuba, República Dominicana, Guadalupe y Martinica. Algunas organizaciones están llevando a cabo evaluaciones de especies para todo el Caribe, algunos ejemplos de estas organizaciones son Birdlife y diversos grupos de especialistas de la Comisión de Supervivencia de Especies (SSC) de la UICN.
La Lista Roja cubrirá completamente el Caribe Insular, de manera que todas las islas del Caribe sean en sí mismas un punto de interés biológico relevante.
De especial preocupación para el área son las especies de peces, tanto por su importancia ecositémica como por su papel clave en la provisión de medios de vida para las poblaciones locales en términos de su capacidad para suplir necesidades de alimentación e ingresos económicos. Así, el primer paquete de especies a ser evaluado y que utilizará las categorías y criterios de la Lista Roja de la UICN serán los peces marinos.
Esta iniciativa es uno de los proyectos financiados dentro del Acuerdo Marco entre la UICN y el Gobierno de Francia y está siendo implementado por la Oficiana Regional de la UICN para Mesoamérica y el Caribe (ORMA). Para llevar a cabo el trabajo, ORMA cuenta con una oficina en la isla de Guadalupe, así como el apoyo de miembros de la Unión, organizaciones socias y expertos.





