Aunque no siempre se mencionan expresamente en sus estrategias, las montañas mediterráneas forman una parte esencial de las prioridades de conservación a nivel regional para la mayoría de las organizaciones conservacionistas nacionales e internacionales que se ocupan de los ecosistemas terrestres de la región. Eso resulta particularmente evidente cuando se considera que:

  • La mayoría de los “puntos calientes” de biodiversidad mediterráneos se concentran en las zonas montañosas;
  • La biodiversidad de las montañas mediterráneas está estrechamente ligada a sistemas tradicionales de gestión cultural de sus recursos;
  • Las montañas mediterráneas proporcionan bienes y servicios básicos para toda la población humana de la región, y tienen un decisivo en recursos escasos, como el abastecimiento de agua;
  • Las montañas del Mediterráneo están entre las áreas más vulnerables del mundo al cambio climático.

Las montañas desempeñan un papel clave en el ciclo del agua, influyendo en el clima y en el régimen de precipitaciones y regulando el régimen de escorrentía. La vegetación y los suelos de montaña almacenan el agua de lluvia y regulan el flujo gradual de agua y sedimentos corriente abajo, lo que fertiliza las llanuras de las tierras bajas, repone los sedimentos costeros costas, y recarga los acuíferos subterráneos de las tierras bajas, en las que la demanda de los centros de población, de la agricultura y de la industria es elevada. Por lo tanto, los sistemas sanos de montañas no sólo son esenciales para sus habitantes – los seres humanos y la fauna y flora –, sino para la prevención y la mitigación de riesgos de los peligros naturales como corrimientos y avalanchas, para el mantenimiento de los procesos ecológicos, y para el suministro de bienes y servicios a los usuarios de las tierras bajas.

Esta excepcional diversidad ecológica en las áreas montañosas también se refleja en una alta diversidad cultural y en unas prácticas variadas de uso de la tierra, como resultado la larga adaptación a los recursos y condiciones específicos de su medio ambiente. Por esta razón, las montañas también constituyen ricas fuentes de conocimiento tradicional y de valores culturales e espirituales.