Bosques

El bosque mediterráneo representa uno de los centros del planeta más importantes por su diversidad de flora, alrededor de 25.000 especies, de las cuales la mitad son endémicas. Además proporciona un amplio abanico de beneficios y servicios importantes para la sociedad que va más allá de los productos tradicionales de los bosques.

La escasez de agua, debido a las limitaciones del clima en la región, condiciona mucho la vida mediterránea, y los bosques son esenciales para mantener los recursos hídricos y del suelo. Proporcionan reservas de agua, regulan el clima local mediante el aumento de la humedad en el aire y por tanto, reducen la intensidad de las sequías. En este sentido, son barreras contra la desertificación. Los bosques además sirven como parapetos contra las tormentas y las inundaciones, tienen considerable capacidad de retención de agua y reducen los deslizamientos y corrimientos de tierras durante los períodos de lluvias torrenciales.

Desde siempre, los bosques han jugado y siguen jugando un importante papel en la vida cotidiana de los pueblos del Mediterráneo. La población ha utilizado los bosques para alimentar sus animales empleando los productos de sus plantas a gran escala en la región durante miles de años; desarrollando usos y sistemas de gestión; y adquiriendo un sofisticado conocimiento del medio ambiente. Los valores culturales atribuidos en el pasado a los bosques y sus árboles a lo largo del tiempo han definido el paisaje mediterráneo. Muchos ecosistemas en peligro, y especies endémicas y raras del Mediterráneo coexisten en cercana relación con los seres humanos.

Aunque los bosques mediterráneos proporcionan bajos rendimientos económicos en productos procedentes de la madera en comparación con los bosques del norte de Europa, juegan un papel crucial con respecto al mantenimiento de los elementos clave, para asegurar el bienestar humano y la vida en la región. Por ejemplo, los bosques del norte del Mediterráneo son un atractivo turístico por sus valores paisajísticos a la vez que proporcionan oportunidades de recreo y ocio. Dadas las significativas diferencias en el desarrollo económico y social en la región, el papel de los bosques en las sociedades varía enormemente entre, por un lado, el norte del Mediterráneo y el este y sur de la región por otro.

La explotación del paisaje natural era antes larga, lenta y relativamente sostenible. En las últimas décadas, ese equilibrio entre la naturaleza y la humanidad se ha perdido. Los bosques son frágiles y están amenazados. Las prácticas agrícolas intensivas y el cambio climático amenazan muchas de las especies más singulares que caracterizan la región mediterránea. Otra de las causas primordiales del daño sobre los bosques en la región son los incendios, el desmonte y la degradación, debido principalmente a políticas erróneas de uso de la tierra y a la presión del desarrollo. Además, si se gestiona mal, el pastoreo es considerado todavía por muchos una amenaza para la regeneración de los bosques mediterráneos europeos, pese a ser también un factor que mantiene la riqueza de la biodiversidad.

A pesar de los esfuerzos considerables que se han hecho para la reforestación en el Mediterráneo, los sistemas de plantación de árboles aplicados han fallado frecuentemente en la restauración del conjunto de bienes y servicios generados por los bosques, que son necesarios para mantener la integridad de un ecosistema sano y para generar beneficios socioeconómicos a la población local. Los responsables de la toma de decisiones y los profesionales tienen que pensar en cómo se puede comenzar a restaurar los recursos de los bosques, tanto en beneficio de los humanos como de la naturaleza.