Históricamente, no se ha calculado el valor económico de muchos de los recursos y puede que las decisiones de la gestión en cuanto a las prioridades de producción de los ecosistemas hayan subestimado la pérdida económica de la gestión intensiva de un área para sólo uno o dos productos, como la madera o el ganado. Además, no se tiene en cuenta la importancia de mantener los ecosistemas intactos para asegurar los servicios para los beneficiarios del lugar y los que habitan a cierta distancia. Tal es el caso del agua, es decir, en concreto, del agua almacenada en las montañas para las poblaciones río abajo de las cuencas. Asimismo, las comunidades locales, como proveedores, no obtienen los beneficios apropiados de la disminución de sus actividades de extracción o de la reducción de sus necesidades de recursos, a fin de que sean compatibles con la demanda de recursos de los demás.

Por eso, el primer desafío para compensar de forma equitativa a las comunidades locales como administradores es identificar y evaluar los recursos con tanta exactitud como sea posible, asegurando así una fuente sostenible de recursos. Una vez que se identifica y reconoce el valor de los recursos, se pueden poner en marcha los mecanismos que lo recojan y lo traspasen de los usuarios a las comunidades locales. Además de las herramientas económicas tradicionales, las técnicas innovadoras de valoración ambiental ofrecen el medio de asignar valor económico a muchos de estos recursos, que tradicionalmente no han sido calculados.

Se necesitan mecanismos innovadores para proteger los ecosistemas de las montañas, para ofrecer incentivos a las comunidades y que sigan ejerciendo su papel como administradores y, por ende, para mantener los propios recursos de los que dependen las poblaciones nacionales y la mundial. Los Pagos por Servicios Ambientales (PSA), tales como los mercados voluntarios de carbono; los incentivos para los agricultores que firman por voluntad propia los compromisos agroambientales que reconocen el papel clave de los agricultores de las montañas en el suministro de servicios ambientales; las nuevas oportunidades de comercialización para establecer vínculos entre la cultura y los bienes naturales de las montañas; y la diversificación de productos de alta calidad para obtener una ventaja competitiva en el mercado global, en su conjunto, pueden contribuir al desarrollo de las economías rurales del Mediterráneo basadas en el uso sostenible de los recursos naturales.