Trabajando fuera de los linderos – conectando las áreas protegidas para las personas y la naturaleza

24 February 2010 | Fact sheet
1 ComentairoEscribir comentario

La mayoría de los países reconocen que la planificación de la conservación de la biodiversidad debe incluir mucho más que las áreas protegidas. Están avanzando hacia una perspectiva más amplia del paisaje, conectando sus estrategias de conservación en extensiones mayores de tierra y mar. Los “corredores" de conservación son parte de este nuevo pensamiento y una tendencia creciente en la conservación global, lo que permite el desplazamiento e interacción de la fauna silvestre a través de los paisajes. La restauración de corredores de conservación se está considerando como un componente vital para garantizar la salud a largo plazo de los ecosistemas y las especies. Corredores como el de “Yellowstone al Yukón” en los EE. UU., el de "Atherton a los Alpes” en el este de Australia, o el Cinturón Verde de Europa oriental, están captando el interés de los conservacionistas y de la sociedad en general.  

Incluso con más de 112.000 áreas protegidas en todo el mundo, la biodiversidad no está a salvo. Las áreas protegidas han sido seleccionadas muchas veces por sus valores estéticos y recreativos, no necesariamente para proteger las especies amenazadas. En muchos casos, no son más que islas de protección en grandes zonas degradadas por la actividad humana. Incluso las grandes áreas protegidas no pueden garantizar la supervivencia de las especies que contienen en el largo plazo, en particular las especies migratorias o aquellas que necesitan grandes áreas para alimentarse. El afamado Parque Nacional de Yellowstone, por ejemplo, es incapaz de garantizar la supervivencia de sus carnívoros mayores.

La fragmentación del hábitat es la principal causa de extinción de las especies. La agricultura extensiva, la deforestación y el desarrollo urbano han obligado a las especies a migrar hacia parches pequeños y aislados de áreas protegidas que no pueden sustentar las especies que albergan. Con el declive de especies herbívoras por falta de alimentos los carnívoros también están disminuyendo.

En algunos casos, la deforestación está forzando a las aves a trazar rutas migratorias más largas y colonias más pequeñas, reduciendo el número de sitios de reproducción y haciendo cada vez más difícil la supervivencia. La conexión de las áreas protegidas como en el Mar de Wadden se ha traducido en grandes áreas de hábitat para las aves migratorias, dotándolas de zonas no intervenidas para reproducirse y alimentarse.

Los impactos del cambio climático también están exacerbando la extinción de especies. Con temperaturas más altas y hábitats cambiantes, las especies tienen que desplazarse para sobrevivir. Las plantas comienzan a colonizar nuevas áreas, a menudo en zonas más altas, obligando a los animales que dependen de ellas a desplazarse también. Los incendios y otros fenómenos naturales también están obligando a las especies a migrar hacia nuevas zonas.

La mejor manera para contrarrestar esta situación es manteniendo y restaurando áreas más extensas de protección; la segunda consiste en establecer corredores entre las áreas y promover la interconectividad. La tierra alrededor de las áreas protegidas suele ser muy utilizada por la agricultura o los asentamientos humanos. De ahí que la creación de corredores biológicos no solo requiere una gran inversión financiera, sino también el conocimiento y el apoyo de quienes dependen de la tierra.

La conectividad de un área de conservación en torno a la Reserva de la Biosfera del Cóndor en Ecuador permitió la protección de los páramos, pastizales y arbustos de los Andes, además de la protección de una cuenca esencial para el abastecimiento de agua a la ciudad de Quito. La mayoría de los páramos son de propiedad privada, pero como el gobierno está pagando por el suministro de agua, las personas que viven en los páramos la protegen en lugar de utilizarla para la agricultura.

La Gran Ruta Inca, una carretera que une los restos arqueológicos de la cultura inca, atraviesa 15 de las 100 ecoregiones de América del Sur. Cuatro de estas regiones revisten gran importancia para la conservación de la biodiversidad. La revitalización de la Gran Ruta Inca mediante la creación de un corredor biológico está promoviendo la restauración de los ecosistemas y creando oportunidades para mejorar los medios de subsistencia de las poblaciones locales, incrementando el turismo a lo largo de la carretera.

La conectividad es, por lo tanto, una manera de fomentar la supervivencia de las especies manteniendo y restaurando los ecosistemas de los que dependen. La conectividad dota a las áreas protegidas de zonas de amortiguamiento, garantiza la viabilidad de las especies y aumenta sus opciones para la migración. Asegurando que la población local se beneficie de la creación de corredores biológicos, la conectividad se convierte en una forma más viable y socialmente aceptable para conservar la naturaleza.

La conectividad se puede describir así:

El mantenimiento y la restauración de la integridad de los ecosistemas requieren de la conservación a escala de paisaje. Esto se puede lograr a través de sistemas de áreas protegidas funcionalmente vinculadas y amortiguadas para mantener los procesos ecosistémicos y permitir a las especies sobrevivir y desplazarse, garantizando así que las poblaciones sean viables y que los ecosistemas y las personas sean capaces de adaptarse a la transformación y los cambios de la tierra .

De la Declaración de Pappallacta, Ecuador 11 2006


Comentarios

1 Comentairo
1 Patricia Falla Parques Nacionales Naturales de Colombia
Estrategias complementarios de conservación
Agradezco me envien información o documentos científicos que evidencien la contribución de corredores u otras estrategias de conservación, diferentes a áreas protegidas, a la conservación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.
July 17, 2013 - 04:19
Comentarios
  • 1-1
  • 1
Escribir comentario

600 CHARACTERS LEFT

captcha