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The World Conservation Union

5 de junio de 2007

El día mundial del medio ambiente de 2007 nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre algunos de los aspectos que influenciarán el futuro de nuestro planeta. Las inquietudes de carácter ambiental forman parte de nuestros noticieros cuotidianos e influyen cada vez más en la manera en la cual percibimos nuestro mundo. Pero rápidamente nos estamos acercando a un punto decisivo en nuestra historia, en el cual, o demostramos nuestro coraje, imaginación y decisión de proteger nuestro planeta, o simplemente fallaremos a nuestras  futuras generaciones por carecer ahora de la determinación de actuar eficazmente.

En vista de que todos estamos conscientes de los peligros de la inercia, a continuación expongo cuatro ideas que podrían guiar acciones necesarias y concretas:

Primera, el tiempo apremia. Ninguno de los temas preocupantes relacionados con el medio ambiente ilustra mejor esta inquietud que el cambio climático.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha demostrado que los efectos no solamente están ocurriendo, sino que están acelerándose aún más de lo que muchos científicos esperaban hace pocos años.  Igualmente, sabemos que tenemos a disposición los conocimientos y tecnologías que nos permitirían enormemente avanzar hacia la reducción de nuestra producción de gases de efecto invernadero. El hecho de que muchas otras y mejores tecnologías se irán desarrollando no debería constituir una excusa para postergar nuestra acción.

Quienes tienen en sus manos el poder de tomar decisiones no pueden enterrar sus cabezas en la arena, esperando que arreglos tecnológicos los saquen de apuros sin que necesiten tomar desde ya medidas drásticas. Igualmente, una ciudadanía informada podría empezar a cambiar su actitud personal y exigir cambios colectivos. Los ambientalistas por su parte, deberán ser pragmáticos, y muchos ya lo son, en vez de predicar estilos de vida ascéticos para salvar el planeta, posición que puede ser moralmente confortable más no eficiente al momento de tratar de cambiar el comportamiento y modelos de consumo. Si bien, podemos observar que muchos esfuerzos ya están en práctica, también está claro que deberemos acelerar el “reverdecimiento” de la economía a fin de evitar mayores perturbaciones en un futuro cercano. 

Segunda, la sostenibilidad ambiental no se trata de una idea de último momento. Tiene que ser el prisma a través del cual debemos mirar antes de tomar cualquier decisión. Se trata de una prioridad y debe estar integrada completamente en los procesos decisorios. Las cuestiones de carácter ambiental están interrelacionadas, son complejas y de largo alcance. Estamos apenas empezando a constatar como la degradación ambiental nos obligue a reconsiderar nuestra relación con la naturaleza y con nosotros mismos. ¿Podría la escasez de agua ser fuente de cooperación o de conflicto? ¿Cómo reaccionaremos a la presión que el cambio climático ejercerá en la producción de alimentos? ¿Cómo las cuestiones relacionadas con el clima, tales como la desertificación, influenciarán en los modelos migratorios? ¿Estaremos capacitados para encontrar procedimientos creativos para gobernar los océanos en manera tal de ayudar a aumentar las reservas de peces? Estudios tales como el “Myers Worm Report” previenen que, de continuar el ritmo actual de sobreexplotación en los océanos, no nos queda más que un abastecimiento de peces para unos 50 años. Es bastante claro que la creciente complejidad de las cuestiones relacionadas con el ambiente nos inducirá a revisar colectivamente los sistemas gubernativos nacionales e internacionales, a fin de que sean tan eficientes como enérgicos.

Tercera, debemos dejarnos guiar por la ciencia. Nuestras emociones o estrategias económicas o políticas no podrán remplazar a los conocimientos científicos. En el mundo real, en el cual es  necesario encontrar un equilibrio entre las aspiraciones legítimas de los individuos que viven en economías emergentes y las políticas ambientales sólidas, necesitaremos compartir y aplicar el conocimiento científico. En un momento en el cual debemos mejorar la calidad de vida de las sociedades tradicionales que viven en ambientes naturales pobres, frágiles o amenazados y al mismo tempo proteger la diversidad biológica, la ciencia puede ayudarnos a tomar las decisiones apropiadas. Igualmente, podría revelar nuevos métodos para limitar, a nivel mundial, el efecto nocivo del continuo crecimiento económico. Acrecentar y utilizar nuestros conocimientos científicos -- como por ejemplo incrementando las evaluaciones de las especies amenazadas para la Lista Roja de la UICN -- distribuyéndolas lo más ampliamente posible,  asegurando su utilización  sistemática en los procesos de toma de decisiones a todo nivel, no es una opción sino más bien una obligación.       

Cuarta, necesitamos un cambio cultural. Poniéndolo de la manera más simple, como humanos, estamos enfrentándonos a uno de los más serios desafíos globales: nuestra propia supervivencia como especies. Podemos sumirnos en la desesperación en vista del trabajo que tenemos por delante, o podemos utilizar nuestra estupenda capacidad de generar ideas y ponerlas en acción. Por primera vez en la historia, estos problemas – y por lo tanto las soluciones – son realmente globales. Esto significa que deberemos redefinir, a escala global, la forma en la cual compartimos un "bien común” que, además, tenemos la responsabilidad de salvaguardar para las futuras generaciones. Para lograrlo deberemos evitar tanto las divisiones tradicionales de derecha/izquierda, norte/sur, así como también las varias formas y matices de nacionalismo que impiden la acción. No hay duda de que se trata de una tarea muy difícil. Sin embargo, podría ser una de las más importantes. Gobiernos, sector privado, organizaciones no gubernamentales, científicos y ciudadanos deberán aunar esfuerzos – cada uno de acuerdo a su propia capacidad – para lograr los necesarios cambios profundos y duraderos.

Una buena noticia es que este cambio cultural está ya en marcha. Podemos observar un notable incremento en la cooperación científica interdisciplinaria; igualmente, podemos constatar que los hombres de negocios están “reverdeciendo” sus empresas;  vemos también que, a todo nivel, los políticos están asumiendo su papel de líderes con valentía e imaginación; que la biodiversidad y el desarrollo sostenible constituyen el “núcleo” de las actividades de las organizaciones no gubernamentales; y, lo que es más importante, vemos que mucha gente, a veces muy pobre, están protegiendo mejor sus arrecifes de coral, sus bosques, sus manglares. Necesitamos, por lo tanto, acelerar la rapidez con la cual se está efectuando este cambio cultural y  ampliar su finalidad.  

A fin de que este cambio cultural sea eficiente, lo someteremos a una simple prueba: lo que los éticos están denominando “consenso anticipado”. En otras palabras, debemos preguntarnos si las futuras generaciones estarán de acuerdo con lo que estamos o no estamos haciendo hoy.

Utilicemos el día mundial del medio ambiente de 2007, para observar, de manera realista, la situación a la cual nos enfrentamos. Aprovechemos esta ocasión para acrecentar nuestros esfuerzos para hacer de este planeta, nuestro planeta, un mundo mejor en el cual todos podamos vivir y prosperar.

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Carolin Wahnbaeck, Media Relations Officer pressnoneiucn.org, phone: +41 22 999 0127

   
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