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Reportaje Especial

UICN

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ESPECIES: UNA TASA DE EXTINCIÓN SIN PRECEDENTES, Y SIGUE AUMENTANDO

POR SIMON STUART,
JEFE DEL PROGRAMA DE SUPERVIVENCIA DE ESPECIES DE LA UICN

El mundo de las especies enfrenta una crisis sin precedentes. La tasa a la cual se están perdiendo es alarmante, inclusive si se compara con el episodio de extinción de hace 70 millones de años cuando desaparecieron los dinosaurios. Nadie conoce exactamente cual es la tasa de extinción, pero las recientes estimaciones realizadas por científicos líderes en su campo, la sitúan entre 1.000 y 10.000 veces más alta de lo que sería en condiciones naturales. Parecería que esta tasa de extinción también está aumentando. Las especies están siendo amenazadas en todos los hábitats de todos los continentes, si bien la severidad de la amenaza varía de sitio en sitio. Las evidencias sugieren que los hábitats de agua dulce, particularmente los ríos, y las islas oceánicas están siendo afectadas severamente por la extinción de especies. Asia Tropical y Australia experimentan tasas particularmente altas de extinción.

En los últimos veinte años, las regiones más ricas del planeta han sido exitosas en hacer realidad la recuperación de ciertas especies, y se han hecho grandes esfuerzos para contener la pérdida de especies. Aún así, a pesar de algunos éxitos aislados, los progresos de la conservación han sido generalmente muy pequeños, tardíos, y la situación global continúa empeorando.

Existen muchas causas para la actual crisis de extinción, pero todas ellas se originan en una administración insostenible del planeta por parte de los humanos. No obstante los esfuerzos para conservar los hábitats claves de especies de animales y plantas, la destrucción generalizada de muchos hábitats importantes continúa sin control. Posiblemente aún más serio, es que la calidad de los hábitats continúa deteriorándose como resultado de actividades perjudiciales como el sobrepastoreo, la extracción forestal selectiva, la remoción de madera muerta, y la quema.

Una amenaza que aumenta rápidamente, la cual es muy difícil de controlar, es la dispersión de especies foráneas e invasoras. Estas especies, tanto de animales como de plantas, se dispersan en áreas y hábitats donde ellas no ocurren de manera natural, desplazando a las especies nativas mediante depredación, competencia, enfermedades e hibridación. La gente moviliza miles de especies foráneas alrededor del mundo, ya sea deliberadamente o accidentalmente. Otras especies se establecen fuera de su espacio natural aprovechando los nuevos hábitats modificados por el hombre.

La cosecha excesiva de especies, tanto de animales como de plantas, que son valiosas por razones económicas o culturales es otra amenaza universal. Dichas cosechas pueden ser intencionales (como la extracción de madera, el comercio de marfil o de mascotas) o no intencionales (como la captura incidental de especies no meta durante la pesca). Muchas especies parecen estar sufriendo serios declives como resultado del cambio climático, aunque los efectos totales del problema son muy poco comprendidos. La lista de amenazas continúa - contaminación, eventos climáticos anormales y enfermedades - pueden tener efectos devastadores. Cuando las especies declinan de forma tal que sólo unas poblaciones muy pequeñas sobreviven, otros factores biológicos adicionales comienzan a operar en contra de ellas. Esto puede incluir una reducida salud genética de las poblaciones, y un reducido éxito reproductivo.

Presentar un catálogo completo de las amenazas a las especies puede ser una tarea deprimente, pero se debe tomar en cuenta que relativamente pocas de estas amenazas son intencionales, o son específicas a una especie en particular. La mayoría se relaciona con las modificaciones de la superficie terrestre a gran escala hechas por el hombre, y la perdida de especies es principalmente un derivado incidental de la manera de vivir elegida por la gente. Detrás de las amenazas se encuentran poderosas fuerzas que conducen a las especies a extinguirse a tasas crecientes. Por ejemplo, la creciente riqueza económica de muchas partes del mundo está haciendo demandas al ambiente natural que no pueden ser satisfechas, llevando a la destrucción de hábitats, a la cosecha excesiva de animales y plantas, a la contaminación y al cambio climático. Al otro extremo del espectro, en las regiones más pobres del mundo, la pobreza fuerza a la gente a adoptar modos de vida de subsistencia que involucran actividades como la quema y el pastoreo excesivo que destruyen hábitats críticos para las especies. Las tendencias hacia una creciente mundialización económica y la mitigación de los controles comerciales están detrás de la dispersión incontrolada de especies invasoras.

En los últimos 20 años han habido algunos éxitos en la conservación de especies. La disminución del rinoceronte negro ha sido interrumpida y la especie se está recuperando lentamente. El comercio insostenible de ciertas especies de loros ha sido detenido. Muchas poblaciones de cocodrilos están siendo manejadas de manera correcta y se están incrementando, gracias a programas de cosecha sostenible cuidadosamente regulados. En muchos lugares las especies han sido reintroducidas en partes de su espacio natural pasado, y se están incrementando, tal como ocurre con el Orix de Arabia en Jordania. Sin embargo, estos son sólo ejemplos aislados y dichos éxitos han sido generalmente alcanzados a través de grandes inversiones que atienden amenazas inmediatas. Han habido muy pocos intentos para tratar las fuerzas fundamentales que conducen a la pérdida de especies.

Para atender de manera efectiva a la crisis de la extinción de especies, se requiere una acción mucho mayor, dirigida tanto a las amenazas inmediatas para las especies como a las fuerzas fundamentales que causan su disminución. El tratar estas fuerzas será particularmente desafiante, puesto que abre interrogantes sobre la sostenibilidad de los estilos de vida de la humanidad. Estos asuntos sólo podrán ser abordados si hay un apoyo mayor a los cambios de estilos de vida, y esto comprende la buena voluntad de los gobiernos. Si bien el mundo está comenzando lentamente a atender a los asuntos de sostenibilidad, es razonable recordar que se necesitan enormes niveles de inversión y acción simplemente para parar la creciente tasa de extinción, sin hablar de ponerla bajo control.


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