Considerando que los riesgos de sequía
y hambruna están relacionados científica,
ecológica y políticamente, nuestra Unión
están en una posición única para liderar
los esfuerzos en contra de ambas.
Economistas galardonados con el Nobel
señalan que las naciones pueden evitar
la hambruna mediante el comercio de
alimentos dentro y fuera de las fronteras
afectadas por la sequía. Pero pocos han
estudiado la oferta y demanda de
alimentos a escala mundial, vinculando
a su vez esa oferta a la disponibilidad
de agua.
Junto con otras tres organizaciones, la
UICN publicó un análisis estratégico de la
situación alimentaria mundial en relación
con el agua. Let it Reign: The New Water
Paradigm for Global Food Security señala
que alimentar al mundo es un problema
de agua, y concluye que ‘la seguridad
alimentaria en el futuro exige nuevas
tácticas de gestión del agua hoy’.
El mundo tendrá 2 000 millones más de
habitantes en los próximos veinte años,
y cada uno de ellos necesitará 3 000 kcal
por día. Ese apetito se traduce en un
volumen adicional de agua necesaria
para producir esos alimentos:
aproximadamente 5 600 kilómetros
cúbicos, igual a toda el agua usada
actualmente en el mundo.
El informe destaca otras incertidumbres
relacionadas: los 40 países más pobres,
con la mitad de la población mundial,
perderán un quinto de su potencial para
cultivar alimentos debido al cambio
climático; y las ciudades e industrias
consumirán más agua a expensas de la
agricultura.
El informe ofrece recomendaciones
positivas que concentran la atención en
el aumento de la eficiencia y el uso del
agua subterránea. Dado que la agricultura
de secano produce la gran mayoría de
los alimentos del mundo, el uso eficaz
del agua subterránea puede satisfacer
los requisitos alimentarios de las generaciones
futuras sin poner en peligro al
medio ambiente.
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