Pero hacerlo significaría concentrarnos
menos en los especialistas que trabajan
aisladamente en sus cubículos, y dirigir
nuestra atención hacia lo que los demás
necesitan o piden de nosotros,
colectivamente, trabajando en conjunto
como ambientalistas convencidos del ¡sí
se puede!
Esa capacidad de respuesta
significa cambiar el centro de
atención y enfoque de nuestra
‘triple hélice’ colaborativa que
une a miembros, Comisiones y
Secretaría en vínculos verticales.
Si bien alguna vez los puntos de
partida para proteger y restaurar
a la naturaleza fueron las
especies y los hábitats, hoy la
Unión redefine su trabajo en
términos de sistemas (económicos,
sociales y políticos) y ciclos
(hidrológicos, climáticos y de
nutrientes). Nuestra capacidad
de influir en ellos determinará el
éxito de nuestro movimiento.
La conservación se está expandiendo
más allá de la esfera científica en busca
de una participación más eficaz de los
actores políticos y económicos. Ya lo hizo
en el pasado y puede seguir haciéndolo
en el futuro, a fin de acortar las distancias
de la diversidad cultural y geográfica,
forjar alianzas y fomentar la acción
colectiva para abordar los grandes
desafíos ambientales de nuestros
tiempos.
Trabajar aisladamente condenaría a la
conservación a la irrelevancia futura.
Nuestros conocimientos sobre los
ecosistemas, la biodiversidad y la
sostenibilidad del uso de los recursos
naturales son cada vez mayores y
contienen la clave para encontrar
soluciones pragmáticas para el desarrollo
sostenible.
Si trabajamos al unísono en todos los
sectores de la sociedad, la Unión puede
dar vuelta a la llave y abrir las puertas del
potencial de nuestra experiencia.
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