Todos conocemos el dicho “Dale a un
hombre un pescado y lo alimentarás
durante un día; enséñale a pescar y lo
alimentarás para siempre”. Al desmitificar
este cliché podemos expresar cómo la
Unión procura que el desarrollo de los
recursos sea equitativo y sostenible.
En primer lugar, en el mundo en
desarrollo nadie necesita que le
enseñen a pescar. Hemos estado
pescando durante miles de años.
Además, no sólo el hombre
pesca. La mujer cumple un papel
importante en toda economía
basada en la pesca, mediante la
captura, limpieza, secado o venta
de pescado, entre otros.
En tercer lugar, nadie pesca solamente
para alimentarse a sí mismo. El pescado
se intercambia por esteras, frutas, plantas
medicinales, paredes de adobe,
educación o dinero. La pesca da empleo
formal y total a 200 millones de personas
en todo el mundo.
Sin embargo, no es suficiente saber
cómo pescar si no se tiene asegurado el
derecho a pescar. Sin derechos de pesca
individuales o comunales, los foráneos
pueden expulsar a los pescadores de sus
ríos, bahías o lagos, o agolparse hasta
que entre todos acaben con el recurso
común debido a la pesca excesiva.
En quinto lugar, sin hábitat no hay peces.
A menos que invirtamos en el séptimo
Objetivo de desarrollo del milenio,
‘asegurar la sostenibilidad ambiental’, el
programa de las Naciones Unidas se
hundirá. Si no protegemos nuestra
riqueza natural inmemorial de arrecifes,
suelos, bosques, humedales y praderas,
nuestras comunidades basadas en los
recursos podrían desintegrarse.
La desintegración ya ha empezado. Dos
tercios de los ríos del planeta están
degradados. A escala mundial, 15 de 24
servicios de los ecosistemas están
enfermos y 14 de 17 pesquerías están
deterioradas. Desalojadas de un río,
despojadas de sus derechos, y privadas
de la pesca, poblaciones enteras se
desplazan hacia las ciudades, sin ninguna
habilidad productiva, desnutridas y
sedientas.
No obstante, la recuperación es posible.
La Unión muestra el camino, desde los
ríos de vida a los corredores del poder.
Demostramos sobre el terreno los
vínculos entre la naturaleza y la gente y
llevamos estas lecciones a los entes
decisorios a escala global. Trabajamos
incansablemente para detener y aún
revertir nuestro anterior abandono
colectivo de la naturaleza y de los
hombres que dependen de ella.
Tenemos la capacidad de hacer realidad
una conservación que beneficie a todos.
¿Tenemos también el tiempo para
lograrlo? Sí, si invertimos con prudencia.
Todo está relacionado. Nuestro planeta
puede florecer y ampliar el suministro de
aguas que sustentan la vida y donde los
peces pueden multiplicarse, lo que traerá
como consecuencia el desarrollo humano
sostenible.
|